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title: "El dueño de los timbales, y II"
description: "Termino el primer borrador de entradilla a la gran novela de Bilbao con un párrafo, el segundo, que introduce otro tema que estará presente en toda la saga. Este párrafo y el anterior constituyen conjuntamente ese comienzo a una obra de ficción que basta y sobra para saber si el autor es alguien con quien querrí­amos conversar o más bien alguien a evitar. Sobre primeros párrafos ya escribí­ hace tiempo y ahora se trata de aplicarme el cuento a la búsqueda de una comunidad desterritorializada > En una percha ahorcada sobre la puerta abierta del armario cuelga su smoking de solapas brillantes redondeadas y, toque personal, una abertura trasera que lo hace similar a una americana pero que es tan larga que parecerí­a que desea dejar entrever lo que hay que ocultar."
date: 2006-12-15
updated: 2026-02-10
author: "Juan Urrutia Elejalde"
lang: es
canonical: https://graneles.urrutiaelejalde.org/el-dueno-de-los-timbales-y-ii
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site: Graneles
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# El dueño de los timbales, y II

Termino el primer borrador de entradilla a la gran novela de Bilbao con un párrafo, el segundo, que introduce otro tema que estará presente en toda la saga. Este párrafo y el anterior constituyen conjuntamente ese comienzo a una obra de ficción que basta y sobra para saber si el autor es alguien con quien querrí­amos conversar o más bien alguien a evitar. Sobre primeros párrafos ya [escribí­ hace tiempo](http://juan.urrutiaelejalde.org/call-me-ismael) y ahora se trata de aplicarme el cuento a la búsqueda de una comunidad desterritorializada

> En una percha ahorcada sobre la puerta abierta del armario cuelga su smoking de solapas brillantes redondeadas y, toque personal, una abertura trasera que lo hace similar a una americana pero que es tan larga que parecerí­a que desea dejar entrever lo que hay que ocultar. Ella está vuelta hacia la cama sentada sobre la silla del tocador con el brazo derecho apoyado en el frí­o cristal que lo cubre y con la mano del izquierdo sostiene un cigarrillo que se quema solo. Yo me abrigo bajo la manta y siento el vací­o en las ingles que nunca dejará de proporcionarme su desnudez inconsciente aunque duramente trabajada como provocación casta y que hoy se manifiesta en un escorzo de muslo ensombrecido por un chaquetón de piel de cordero que deja al descubierto sus largas piernas, esas piernas que, años más tarde y enfundadas en unos pantalones de raso muy a lo Greta Garbo, sostendrán sus éxitos musicales. Ahí­ están, pero la presión con la que se cruzan me hace saber que mejor renuncio a exacerbar el deseo; enciendo yo también un cigarrillo y me dispongo a escuchar una vez más esa historia que he oí­do cien. Yo no sabí­a en ese momento que esta era nuestra última noche juntos, que mañana, después del concierto, ya no habrí­a ocasión de acariciar la suave seda gris de su sexo.

A partir de este punto y como un flash back surgen las vidas paralelas de ella y de él y de sus familias alrededor del Arenal con incursiones a la Parte Vieja y al Ensanche más antiguo. Solo al final volveremos al Barrio obrero y a esa casa que ella heredó y en donde empieza a clarear. Ella se probará su extaño smoking y el contará el desenlace que ocurre justo en ese concierto en el que el abuelo vuelve a ser el dueño de los timbales bajo la batuta de su nieta.

Pero todo eso tendrá que esperar.

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Fuente: https://graneles.urrutiaelejalde.org/el-dueno-de-los-timbales-y-ii
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