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title: "El dueño de los timbales"
description: "Continuo con el primer párrafo de la gran novela de Bilbao que presentaba ayer .......y tiritan de miedo dos naufragos. > Sus ventanas daban al sureste de la plaza, con un colegio de chavales vací­o a la hora de comer y con un restaurante lleno de pobres hombres orgullosos de verse como la España que trabaja y que solo son funcionarios al dictado del Boletí­n oficial. Pero no hubo ocasión de discutir donde pasar la noche, cojimos nuestros bártulos y nos largamos a su casa, a la que habí­a sido de sus padres, y antes de su abuelo, y que ella heredó de aquellos y en donde habí­a vivido todos sus recuerdos bajo la tutela de este abuelo todaví­a firme y con camisa blanca impecable que no dejó traslucir su desencanto por nuestra deserción."
date: 2006-12-14
updated: 2026-02-10
author: "Juan Urrutia Elejalde"
lang: es
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# El dueño de los timbales

Continuo con el primer párrafo de la gran novela de Bilbao que presentaba ayer

.......y tiritan de miedo dos naufragos.

> Sus ventanas daban al sureste de la plaza, con un colegio de chavales vací­o a la hora de comer y con un restaurante lleno de pobres hombres orgullosos de verse como la España que trabaja y que solo son funcionarios al dictado del Boletí­n oficial. Pero no hubo ocasión de discutir donde pasar la noche, cojimos nuestros bártulos y nos largamos a su casa, a la que habí­a sido de sus padres, y antes de su abuelo, y que ella heredó de aquellos y en donde habí­a vivido todos sus recuerdos bajo la tutela de este abuelo todaví­a firme y con camisa blanca impecable que no dejó traslucir su desencanto por nuestra deserción. Pero yo sabí­a que no habí­a opción. Mañana después del concierto todo volverí­a a una normalidad relativa. Solo relativa porque al dí­a siguente ella volverí­a por nuestros pasos, aunque solo hasta Munich y yo saldrí­a para Madrid camino de California. Esta separación que creí­amos entonces temporal y que nunca llegó a ser total aunque sí­ muy puntuada por largas temporadas de alejamiento, en muchos sentidos, podí­a muy bien haberse iniciado en mi habitación con vistas al parque o en ese salón de etéreas huellas de presencias pretéritas. Pero esta noche tení­a que ocurrir, no transcurrir, no deslizarse, no pasar plácidamente entre entre el sueño y el placer y el amparo, tení­a que ocurrir, como un acontecimiento fundante, en esa habitación frí­a, cursi y desangelada que habí­a sido de sus padres y que ocupaba toda la segunda planta de una casita de obreros pegada a otras que, a su vez, acariciaban otras que conformaban un barrio de una sola calle más pendiente que la subida al Mí¶nchberg al que tantas veces habí­amos trepado sin aparente esfuerzo, enfrascados en una conversación alegre y lenta. Pero ni flores ni hierba en esta casa del Barrio Obrero de la Ciudad. Solo una calle en cuesta, estructurada en peldaños, casa por peldaño, con aceras estrechas y una calzada con rozas a los lados por donde se despeña un torrente en cuanto caen dos gotas.

Continuará...

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Fuente: https://graneles.urrutiaelejalde.org/el-dueno-de-los-timbales
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