Juan Urrutia Elejalde Graneles

La Escuela Austríaca

Jesús Huerta de Soto me ha enviado recientemente , entre otras obras suyas, un libro breve muy útil para entender el pensamiento de esa maravillosa escuela de economí­a que se llama la Escuela Astrí­aca. Según Jesús, entre otras cosas esenciales que diferencian la manera de hacer de esta Escuela Austí­aca de la del Neoclasicismo ( esa manera de pensar lo económico propia de todo el resto del mundo) es que esta última serí­a responsable de todos los fallos económicos desde al menos la Gran Depresión, aunque he de suponer que Jesús admitirí­a que también lo es de todas las mejoras, bien reales, que hemos observado. Para Huerta de Soto los Keynesianos y los miembros de la Escuela de Chicago son parte de ese nefasto Neoclasicismo.

La Escuela Austríaca

Jesús Huerta de Soto me ha enviado recientemente , entre otras obras suyas, un libro breve muy útil para entender el pensamiento de esa maravillosa escuela de economí­a que se llama la Escuela Astrí­aca.

Según Jesús, entre otras cosas esenciales que diferencian la manera de hacer de esta Escuela Austí­aca de la del Neoclasicismo ( esa manera de pensar lo económico propia de todo el resto del mundo) es que esta última serí­a responsable de todos los fallos económicos desde al menos la Gran Depresión, aunque he de suponer que Jesús admitirí­a que también lo es de todas las mejoras, bien reales, que hemos observado.

Para Huerta de Soto los Keynesianos y los miembros de la Escuela de Chicago son parte de ese nefasto Neoclasicismo. Y lo explica bien. Pero necesariamente de una manera tan general que puede meter en el mismo saco a Cambridge y a Chicago. Aunque serí­a difí­cil argumentar con pulcritud esta asimilación, no es tan sorprendente si reconocemos que los economistas asociados a la tradición de de una u otra universidad son, o se presentan, como ingenieros sociales. Y es justo ahí­ donde los austrí­acos ven el pecado original de toda otra manera de pensar que no sea la suya, ya que en lo social no cabrí­a la ingenierí­a.

Es sorprendente lo bien que encaja esto en la idea, que ya he mencionado en este blog, del nihilismo terapeútico, una de las caracterí­sticas básicas de la decadencia del Imperio Austrohúngaro y también de lo que serí­a una concepción providencialista de la acción humana propia de un pensamiento católico.

A mí­ me hipnotiza la fe con la que defienden su manera de pensar.

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