Max Beckmann

Publicado el 29/10/2018

Le había conocido hace años, quizá en la Fundación March; pero hoy lo he vuelto a ver con otros ojos en el Museo Thyssen Bornemisza. Su biografía y el análisis que se hace de su obra son objetos de sumo interés. Su biografía lo es pues su vida cubre las dos guerras mundiales y lo que se dice de su obra también lo es porque, parecería que en su expresionismo, refleja facetas muy de nuestro tiempo.

Curiosamente ese tipo de vida que las dos guerras le obligan a llevar me recuerda mucho al de mi padre, cuyo carácter reservado pienso que debió de ser el resultado de esas dos guerras salpimentadas por la española que sí que vivió de cerca. Y quizá por eso la pintura de este hombre me recuerda a las historias que, muy de vez en cuando, contaba mi padre.

Tanto las pinturas como esas historias pueden distinguirse por épocas; pero en ambos casos cada una de ellas tiene un toque reconocible inmediatamente. Tanto Max Beckmann como Rafael Urrutia tenían una manera de hacerse ver fácilmente, reconocible gracias a ciertas formas concretas de expresarse. Aunque, volviendo ya al caso de Beckmann, esto justifica que, aunque su arte pictórico y escultórico pueda ser denominado como expresionismo, este aparece de una forma que nos permite entenderlo como algo más allá que un estilo artístico.

Y esta forma de entenderlo nos lleva, o, en cualquier caso, me lleva a mí, a comprender lo que es una cultura de una forma menos trivial de la habitual. Yo la entiendo como un conjunto de metáforas o de alegorías que sin ser las únicas que rigen en un momento determinado, son las que dan vida a la imagen que conforma nuestra manera de mirar al mundo de nuestro alrededor. La manera de identificar a las mujeres hasta hoy en día, en los 2 últimos siglos por ejemplo, no puede confundirse con ninguna otra y al repetirse una y otra vez dio origen al machismo que, desde hace ya no pocos años, ha sido una parte elemental de la cultura del momento.

Estos lugares comunes corrientes en el mundo cultural reciben desde hace poco tiempo el nombre «memes» (por analogía con los genes), y deviene una palabra que ya se empieza a usar en cualquier periódico.

Como hoy las cosas van más rápidas por lo de la informática, las metáforas y alegorías se renuevan con gran celeridad y ya todos hablamos de memes desde luego, pero también de emoticones y/o de emojis, por ejemplo.

Pues bien, en la obra de Beckman hay varios memes que identifican su obra como expresionista y cuya evolución va elaborando una imagen para cada período cultural. Se puede tratar de ciertas expresiones faciales, de formas específicas de reunirse alrededor de una mesa o del subrayado de ciertas construcciones sociales. Hoy en día diferenciamos distintas formas de comportamiento social a partir precisamente de formas alternativas de hablar, o de comer o de hacer el amor. Y podríamos decir que la sociedad y todos sus componentes somos expresionistas, aunque esto no quita que distintos grupos expresionistas puedan adoptar diversos nombres dependiendo de los memes que cada uno de estos grupos quiera adoptar como identificativo.

La exposición de la que hablo tiene un subtítulo significativo: Figuras del exilio. Me parece significativo porque cada día es más común que la vida de uno se desarrolle fuera de su entorno natural. Desaparece la vida rural y los jóvenes ejercen su profesión en ciudades muy distintas en las que pasan cierto tiempo antes de moverse a otra. Cualquiera sujeto a esa dinámica tiene algo de exilado y por la forma en que llega a ello podríamos decir que pertenece a diversas culturas, Y, para terminar que, por esa razón, está bien en todas partes y maravillosamente en ninguna.