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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Fogonazos. X, La turbadora señora del autobús
Será la crisis o será la edad, pero el hecho es que se me está agriando el carácter. Comienzo a detestar casi todo, desde alguna gente que antaño me alegré de ver de vez en cuando, a los paseos que me obligan a dar, pasando por la sobredosis de cultura, publicidad y moda con las que nos obsequian los medios de comunicación. La moda me pone especialmente iracundo y me entran ganas de golpear a esa jóvenes modelos que en lugar de alegrarme la vista me recuerdan la rigidez de los zombis.
Dos recomendaciones (extrañamente) relacionadas
Ayer mismo revisando los «posts que leo» me topé con dos aparentemente muy distintos y que, sin embargo, me sugirieron algo parecido. El primer post es el de Luis Garicano en NesG y el segundo el de Victor Ginsburgh en VOX.eu. El de NesG es de naturalza económica y trata de todo lo que todavía habría que hacer en materia de reformas en España.
El cuerpo como metáfora
Hace dos días concluía, a propósito del Consejo Europeo de ese mismo día, que: > Esa es la oportunidad de Europa, inaugurar el siglo XXI en donde ya no importa mandar sino ser sabio para hacer burla al poderoso Y hoy no tengo más remedio que ratificarme a la vista de los comentarios de los observadores habituales de los que disfrutamos ayer. Me ratifico en que era una oportunidad, pero añado que no se aprovechó por falta de visión amplia. Cuando la visión está basada en el cuerpo humano, nada original en la historia del pensamiento de cualquier cultura y ya utilizada por mí en este blog, hay que distinguir cómo se usa.
Pero ¿qué está en juego hoy?
Esta tarde-noche se reúnen en Bruselas los jefes de Estado y de gobierno de los paises que conforman la E.U. Aparentemente lo que está en juego es la elaboración de una voluntad común de dibujar un camino hacia la recuperación en el que se compatibilcen las medidas de austeridad y las de reactivación. No parece que sea algo tan complicado siempre que se deje espacio propio a cada país, se ajusten los tiempos a las necesidades de cada uno de ellos y se permita habilitar alguna fórmula para que el BCE pueda insuflar liquidez a los bancos y, con un poco de buena voluntad, a los países.



