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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Parece un ruso blanco exilado en París, pero simplemente regenta su kiosko cerca de El Corte Inglés. Sabe mucho de finanazas y ya llevamos varios días discutiendo sobre el futuro de España que, según él, estaría ligado al destino de Grecia. Hoy, además, me ha puesto en un brete al abrir otra línea de conversación.
Entre Dulcinea y don Quijote
Son dos calles que desaguan del barrio de Tetuán en un afluente caudaloso del gran río por su margen derecha. Don Quijote y Dulcinea en Tetuán configuran un entorno tan epañol, tan Siglo de Oro, que uno no entiende qué pintan por ahí un Naturhouse, al que acudo religiosamente los lunes para engañarme y adelgazar y una Body Factory a la que me apuntaré en cuanto alcance mi precio (perdón peso) objetivo. Pues, primero, para aliviarme la cabeza y decidirme a comenzar la redacción de ese ensayo que me he prometido y que se llamaría R al cubo.
La Cuestión del Poder (Expansion, sábado 10 de abril)
En las dos últimas columnas de esta Mirada del Economista he catalogado, al hilo de una posible recuperación sin creación de empleo (en febero) y del desapalancamiento(en marzo), cuestiones de poder bien conocidas pero que, sin embargo y en general, no se consideran como tales sino que se afrontan como cuestiones meramente técnicas. El llamado diálogo social sigue siendo una lucha de clases puesta al día que, sin embargo, no se considera como tal lucha, sino como un mero dispositivo disciplinario que sirve para quitarle virulencia a esa lucha casi primitiva. Pero ese es solo un ejemplo.También he hablado de la tensión entre contribuyentes y banqueros, algo que no se puede ocultar por mucho más tiempo (el FROB se acaba en junio, salvo prórroga, y dimite Quintás) y que, sin embargo, también parece semioculto entre la maleza espesa de las noticias de un universo comunicacional que se banaliza y que no insiste, como debería, que lo primero para salir de la crisis es arreglar un sector financiero que sigue sin atreverse a desnudarse del todo.
Caparazón y Esqueleto
El el programita gratuito de la película Luciérnagas en el Jarrdín de Dennis Lee, este jóven director escribe lo siguiente: "....una madre tiende a ser ...como el maco de un cuadro que tiene que contener y mantener apelmazado todo lo de la pintura.....Una vez que ese marco desaparece las cosas comienzan a irse a pique". Como si la pintura sin marco se desparramara. Pero el marco delimita lo de dentro y lo distingúe de lo de fuera, una separción sin la cual es dificil pensr(se).
Una propuesta de Mankiw
Durante la Semana Santa se me pasó postear el comentario a una propuesta interesante de Mankiw. Se encuentra en el final de su columna dominical en la que insiste en la necesidad de una regulación inteligente y flexible del sector financiero que, en ningún momento, cree que pueda ser definitiva puesto que el mundo financiero es demasiado lábil como para poder ser controlado. De ahí que tenemos que estar siempre preparados para la siguienete crisis financiera.
Decíamos de los rankings
Como algunas de las ideas que he avanzado sobre rankings científicos o sobre las relaciones entre científicos y dinero parecen haber sentado mal a algunos amigos quiero defender mi punto de vista. Para ello tengo interés en que se conozca el siguiente artículo de Alonso Rodríguez-Navarro que me llega a través de una colega. Se titula Sound Research, Unimportant Discoveries: Research, Universities and Formal Evaluation of Research in Spain y puede encontrarse en el Journal of the American Society for Information Science and Tecnology, 60 (9), 2009 .
Jamás el tiempo (cont.)
Ya les recité mi poema principal y ahora quiero continuar aunque en sobria e irritada prosa. Que me dejen en paz que tengo que terminar mi obra y no estoy para perder el tiempo en viajes del inserso o en gimnasia acuática. Y lo que me falta para terminar mi obra no es poner en orden mi experiencia vital para adoctrinamiento de otros; sino dejar salir, por fin, mi mensaje interno, esa manera única de mirar que nunca me he atrevido a compartir por delicadeza, por temor a llamar la atención.
