Juan Urrutia Elejalde Graneles

Entre Dulcinea y don Quijote

Son dos calles que desaguan del barrio de Tetuán en un afluente caudaloso del gran río por su margen derecha. Don Quijote y Dulcinea en Tetuán configuran un entorno tan epañol, tan Siglo de Oro, que uno no entiende qué pintan por ahí un Naturhouse, al que acudo religiosamente los lunes para engañarme y adelgazar y una Body Factory a la que me apuntaré en cuanto alcance mi precio (perdón peso) objetivo. Pues, primero, para aliviarme la cabeza y decidirme a comenzar la redacción de ese ensayo que me he prometido y que se llamaría R al cubo.

Entre Dulcinea y don Quijote

Son dos calles que desaguan del barrio de Tetuán en un afluente caudaloso del gran río por su margen derecha. Don Quijote y Dulcinea en Tetuán configuran un entorno tan epañol, tan Siglo de Oro, que uno no entiende qué pintan por ahí un Naturhouse, al que acudo religiosamente los lunes para engañarme y adelgazar y una Body Factory a la que me apuntaré en cuanto alcance mi precio (perdón peso) objetivo. ¿Para qué? Pues, primero, para aliviarme la cabeza y decidirme a comenzar la redacción de ese ensayo que me he prometido y que se llamaría R al cubo. Segundo, para que me cueste menos andar y mejorar así el estado de una coronaria pachucha. Tercero para poder dedicarme a fortalecer mis músculos con la sana intención de hacerme campeón senior de culturismo.

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