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Graneles
Textos de Juan Urrutia para su blog entre 2002 y 2022
Este verano una amiga psicoanalista decía que qué mala suerte es ganar la guerra. Lo decía en el contexto de una discusión sobre la memoria histórica y hay que entender lo que quería decir. Según ella, que proviene de una familia que ganó la guerra y que no ve mérito alguno en recordar horrores pasados, la victoria priva de la capacidad de pensar.
Lincoln
Su figura aparece en uno de los ingenuos frescos que adornan el Wachovia Bank en la Lincoln road de Miami Beach. Al verle allí recordé una sesión dedicada a las relaciones entre el liberalismo y el nacinalismo en la que participé a finales de Julio en El Escorial junto con dos colegas. Uno de ellos, Jesús Huerta de Soto, es hoy vicepresidente del Montpelerin Society y me produjo placer oir su defensa encendida, aunque condicionada, del derecho de autodeterminación ante una audiencia convencida de antemano y conformada básicamente por sus propios estudiantes.
La vida oculta de mi madre
Soy tan mal lector de poesía como buen fisonomista. En mi Goulue tengo recogidos docenas de parecidos razonables solo en este recién pasado mes de agosto. Pero todos empalidecen ante las palpitaciones que me produjo ver a mi madre en una fotografía totalmentre inesperada que, justamente, tiene que ver con la poesía.
Tenebrosa idea del otoño que llega
La desaparición del compañero, pareja o cónyuge, no significa siempre lo mismo. Ese esfumarse es trágico justo cuando no se trata ya propiamente de un cónyuge, pareja o compañero; sino de un acompañante accidental en la sala de espera de una clínica especializada en un tratamiento eterno de soledad. Pero ese desaparecer es quizá brutal aunque curable, por lo que a lo mas es simplemente dramático, cuando lo que nos golpea es la simple inexistencia física de nuestro habitual cómplice en el juego del placer.
Deco en mi Goulue
Hace unos días me hice con un buen cargamento de los scratchbooks que este restaurante de Manhattan te ofrece como complemento irrelevante a su menú francés. Ahora me entero que La Goulue me persigue y abre sus puertas en un gran y descaradamente rico mall de Miami Beach. Yo le doy la bienvenida con la explicación de un comentario que escribir en mi Goulue paseando por Ocean Drive y por Collins Avenue mientras disfrutaba de largas filas de edificios deco .
Esperando a Ernesto
El viento silba ya a través de las rendijas de las ventanas del Hotel Tides en Ocean Drive, entre la 14 y la 15, en Miami Beach. Dentro de unas 8 horas llegará este huracan en miniatura y quizá pueda blogearlo en directo. Pero mientras tanto quizá pueda hacer un esfuerzo y responder a los comentarios que ha recibido mi último post antes de desenchufarme y venir a este continente a visitar a amigos e hijos propios y de los demás.
