Juan Urrutia Elejalde Graneles

Bernhard y Ferreira

Recientemente he leído dos libros que recomiendo y que, curiosamente, me han redordado el uno al otro. El primero es Tala, de Thomas Bernhard, un autor éste que me dejó pasmado hace ya muchos años y del que no había vuelto a leer nada hasta la lectura de este libro ya antiguo dentro de su bibliografía. Son unas doscientas páginas sin un punto y a parte llenas de improperios a sus viejos amigos, improperios que se corresponden con lo que el piensa un día triste sentado en un sillón de orejas esperando a que una cena tardía, a la que no debería haber acudido, comience de una vez.

Bernhard y Ferreira

[![Economía y pseudociencia](images/ecypseudo-150x150.jpg "Economía y pseudociencia")](http://juan.urrutiaelejalde.org/files/2013/12/ecypseudo.jpg)Recientemente he leído dos libros que recomiendo y que, curiosamente, me han redordado el uno al otro. El primero es Tala, de Thomas Bernhard, un autor éste que me dejó pasmado hace ya muchos años y del que no había vuelto a leer nada hasta la lectura de este libro ya antiguo dentro de su bibliografía. Son unas doscientas páginas sin un punto y a parte llenas de improperios a sus viejos amigos, improperios que se corresponden con lo que el piensa un día triste sentado en un sillón de orejas esperando a que una cena tardía, a la que no debería haber acudido, comience de una vez. Se va desvelando así un pasado en el que se fue separando de los que ya no considera sus amigos sino unos pobres artistas de casino de provincias que se defienden como pueden de su fracaso vital y profesional. Como hace Sorrentino con los personajes de La Grande Bellezza los personajes de Bernhard son talados por el autor y única voz del relato de una manera brusca, como a hachazos. El autor del otro libro («Economía y pseudociencia,... crítica a las falacias económicas imperantes») es un relativamente jóven economista al que considero mi amigo desde hace ya bastantes años y que constituye una figura nada convencional en el mundo de los economistas profesionales. Se llama Jose Luis Ferreira y tala con una suave sierra que apenas hace ruido pero que derriba árboles con la misma eficacia que Bernhard. Ferreira no es la única voz de su relato sobre las falacias que abundan en lo que él querría que fuese la economía; se apoya donde y en quien puede y su manera de criticar el quehacer de la economía o , por lo menos, de algunos de sus practicantes es ácida pero nada ruidosa. Ambos autores es me antojan similares. Los dos hablan desde su sillón de orejas apartados del ruido ambiental, los dos rechazan con ardor la oficialidad en el arte o en el saber y están abiertos a la excentricidad y los dos se repiten retóricamente configurando un relato que, como el amoníaco, va quemando las certidumbres. Con humo o sin humo. Pero implacablemente.

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