"Hace un par de días asistí a una conferencia que tenía lugar en un espacio muy pequeño y, como siempre, tomé asiento en una silla muy cerca de la puerta a pesar de que había lugar de sobra para ocupar un sitio en la primera fila. Cuando he dicho «como siempre» no he dicho la entera verdad porque esa es una costumbre de las épocas en las que viajaba a menudo a Colombia. A pesar de que mis anfitriones procuraban no dejarme nunca solo por las calles de Bogotá ni se sentían cómodos cuando me escapaba solo a cenar en algún restaurante por conocido que éste fuera."