"Hace dos o tres días volví a cruzar el transbordador del Puente de Vicaya (llamado erróneamente el puente colgante) y a pasear por la margen izquierda bajo un solecito invernal bien agradable desde Portugalete hasta Sestao para recordar el poema de Blas de Otero que señala ese punto frente a una escultura en honor de los represaliados por Franco y sobre lo que ya escribí hace casi tres años y acabo de volver a leer aquí Hoy vuelvo sobre ese punto y por razones distintas no sabría decir si más o menos serias. Aparentemente mi pensamiento no estaba en la memoria histórica sino en el trasero de una paseanta que recibió un sonoro txalo en en ese lugar por parte de quien le acompañaba. Era la más elegante de las mujeres que, solas o acompañadas, caminaban por el paseo de la Ría y tanto era así que muchas de éstas se volvían a mirarle cuando se cruzaban con la pareja."