"En los últimos años se habla mucho de independencia, de la de Quebec, de la de Escocia, de la de Euskadi o de la de Cataluña y el problema de fondo florece de nuevo con la crisis ucraniana o, si queremos, la de Crimea. Hablando de esta última D. volvía implícitamente su atención, una vez más, a las posibilidades de la Confederación como una forma política que algunos opinamos que tiene un enorme futuro precisamente en un mundo globalizado pues permite transar entre las aparentes ventajas (autoritarias) de un gobierno central único y la eficiencia en la provisión de bienes públicos locales, incluyendo las lenguas."