"En los años setenta mi mujer y yo, recién salidos de la "penenez" estuvimos a punto e gastarnos los magros ahorros acumulados en un collage de Hockney hecho de instantáneas polaroid que estaba a la venta en una galería de Londres por un precio asequible pero que nos asustó. Hubiésemos hecho un gran negocio ahora que parece que vuelve el gusto por su formato y su emoción poco matizada. Nuestra colección de vinilos que no es tal colección, sino las sobras de una época marcada en mi caso por The dark side of the moon de los Pink Floyd, es disputada ahora por nuestros hijos por su evidente impureza de sonido frente a la pureza esteril de los cds."