"Ahora que mi generación empieza a escribir sus memorias topamos con la Autobiografía sin vida de Félix de Azúa, un intento de encontrar sentido a una secuencia de expresiones artísticas como medio de salvarse de la falta del mismo en la vidad propia. Miren que fácil es escribir una autobiografía y hasta un epitafio. Me dicen, en efecto, que un día dije refiriéndome a mí mismo: "Soy un vasco en Madrid, profesor excesivamente amable, por no decir blando, investigador in paciencia para los detalles, político breve y aficionado, banquero por casualidad y mecenas sin dinero"."