"Ramón y Javier compartían una especie de orgullo por su ascendencia. En el caso de Javier esa ascendencia estaba compuesta por gente de prosapia intelectual que de una manera o de otra aparecen en cualquier crónica de la forma en que España había ido mimetizando las aportaciones culturales y científicas europeas desde principios del siglo XX. Este orgullo digamos cultural surgía a menudo como argumento final en cualquier discusión sobre puntos concretos que ponían en juego su carrera académica."