"A estas edades en las que algunas mañanas te entra el terror, no a la muerte sino a la pauperización, la noticia me ha sentado fatal: se acabó la hipoteca inversa. Me tranquilizaba pensar que siempre podría llegar a un acuerdo con el banco y garantizarme una rentita suficiente para comer a cambio de que mi casa pasara a ser del banco cuando yo muriera a no ser que mis deudos prefirieran liberarla de esa carga y quedarse con ella mediante el pago correspondiente. Pues esa posibilidad se ha acabado."