"Leía tranquilamente en el vagón de metro a cinco paradas de mi destino cuando escuché una conversación que me hizo abandonar el libro, cualquier título,esas páginas que siempre llevo conmigo para estos viajes subterráneos. Dos paradas antes había subido a este vagón un señor de unos 60 años que se topó de bruces con quien parecía, por el tono de los saludos mutuos, un viejo amigo de edad parecida. La salida de viajeros en la siguiente estación les dejó a ambos muy cerca de donde yo ocupaba un asiento y, desde hacía un rato, simulaba leer mientras escuchaba una conversación algunos de cuyos retazos me había llegado desde los primeros abrazos confirmatorios de que llevaban años sin verse."