"Ir al cine una noche de verano en Girona es un placer, pero pasar dos horas contemplando esta película es una extraña experiencia difícil de describir. Uno cree que va a ver una de esas comedias francesas que están en el lote obligado de cine europeo y que solo aparecen en los meses de verano para dejar cupo a las que dan dinero pues encajan con el gusto de la gente. Es aparentemente un cuento fantástico y con toda certeza una de las cosas más cursis que uno puede echarse a la retina."