"Uno no es dueño de sus sueños aunque a veces lo contrario sí que es cierto y uno depende en su actividad o en la imagen de sí mismo, de esos sus sueños. Por otro lado toda creación industrial o artística (ya se trate de una medicina o de un libro de poemas o un cuadro) sí que nace del sueño de una mente alerta o de un subconsciente en ebullición y, en un régimen económico en el que los derechos de propiedad intelectual estén vigentes, esos productos del sueño pueden tener dueño. Una empresa farmacéutica puede patentar una medicina concebida en su laboratorio y evitar así, al menos durante un cierto número de años, la competencia de forma que podríamos decir que es la dueña de esa medicina."