"Este verano que acabará en un par de semanas he descubierto que me hago viejo. Me canso en mis pseos terapeúticos a pesar de caminar mucho más lentamente, no perdono la hora que me he fijado para acostarme, mi apetito se sacia con unos entremeses compartidos, no recuerdo casi nada del pasado reciente (y no me refiero solo a los nombres de las personas o de los lugares) y cada vez contribuyo menos al éxito de una reunión social no se si porque hablo muy bajito o porque estoy perdiendo oído. Me cabe la duda esperanzada de que la vuelta de las vacaciones sea una buena ocasión de contradecir algunas de estas señas de identidad senil."