"La lingüística siempre me ha atraído, pero especialmente desde que, equivocadamente, no distinguía entre el lenguaje y una lengua, y el aprendizaje de un idioma me puso delante de interesantes puzles que trascendían el mero estudio de la gramática y las sorprendentes comparaciones con mi lengua original. No se cómo se me mezcló todo esto con la filosofía analítica y el giro lingüístico y no me lo podía quitar de la cabeza incluso cuando tenía que estudiar como un condenada para sacar adelante mi doctorado en Economía en el tiempo que mi lingüista preferida me había concedido. Me interesaban más los nombres de Saussure o Chomski que los de Solow o Samuelson y reconstruir idiomas artificiales (que era el ejercicio que aquel discípulo de Jakobson había asignado a mi mujer) me llevaba más tiempo que pergeñar mi term paper y, para colmo, en nuestra vida social me apetecía sobre todo salir con Tito Sarone, que venía de lo que quedaba de la Escuela de Praga, y su mujer Laila."