"Ayer tuve el placer de ver otra película iraní, después de heber disfrutado hace ya años de Nader y Simin y hace solo un mes de Taxi Teheran. El placer proviene en primer lugar del disfrute de buenas realizaciones de contenidos poco pretenciosos y sencillos que revelan la forma de vida de un país estigmatizado hasta hace poco y que, sin embargo y a pesar del duro marcaje del clero, mantiene unos niveles cultural, intelectuales y científicos notables. Pero en segundo lugar, y pensando ahora solo en Nahid, el disfrute va más allá de lo estético y/o documental y llega a alcanzar lo intelectual."