"Publicado en Expansión, martes 1 de febrero de 2005 Lo que pretendo en este artículo es utilizar las ideas de Adam Smith sobre la instrucción religiosa para ilustrar una cuestión de incentivos -concretamente cómo alinear los beneficios privados con el interés social- que subyace a muchas discusiones sobre la manera más adecuada de proveer algunos servicios que parecen tener ciertas características públicas. Mi pretensión última es decantar un principio general que en el futuro me sirva para opinar sobre arreglos que se proponen en materias de educación, sanidad, o incluso justicia; pero como algunos problemas relacionados con la enseñanza de la religión en nuestro país parecen formar parte de una extraña confrontación entre la jerarquía de la Iglesia Católica y el Gobierno socialista, me ha parecido oportuno buscar el principio general que persigo en las reflexiones de Smith sobre el problema de la instrucción religiosa. Antes de entrar en materia debo dejar constancia de que el Libro V de La Riqueza de las Naciones es un pozo de sabiduría del que nunca había bebido antes a pesar de que ocupa un tercio del total de la obra."