"El pasado quince de febrero Madrid convocó a cientos de miles de personas en protesta contra la guerra de Irak. Sea por la inesperada afluencia, sea por un deseo explícito de no facilitar el éxito de la convocatoria por parte de las autoridades, el hecho es que, como alguien dijo a los pocos días, aquello no era una manifestación; sino una concentración en la que mis acompañantes y yo no creo que recorrieramos más de cincuenta metros. En consecuencia no pude oír la lectura del manifiesto que, aparentemente y según dicen voces autorizadas, era una colección de despropósitos que en ningún momento criticó cosas atacables como, por ejemplo, el autoritarismo de Sadam."