"Mis padres no sabían que yo ya había llegado a la Ciudad, pues me pareció más sensato mantenerles en la ignorancia hasta que Machalen accediera a conocerles y yo tuviera una bonita historia que contar acerca de mi emparejamiento, nada formal, con una futura directora de orquesta, cuando estaba a punto de marcharme a América a no sabía yo muy bien qué. Así que le acompañé en su fumar compulsivo que parecía hacerle revivir sus recuerdos asociados a aquel piso en la calle que conducía al monte, al que llegaban los cánticos populares con los que yo hacía rabiar a esta música tan seria que no podía resistir no solo mi mal oído sino también que nunca recordara la letra entera: «... subirás en aeroplano, bajarás en goitibera...» Permanecí, pues, callado, y escuché atentamente su apenas audible voz que fue recitando, ignorando mi presencia, sus recuerdos vividos o contados por el abuelo: > ...nada sé de cuando mis padres todavía vivían, tengo recuerdos vagos, muy vagos, de la suavidad de la piel de mi madre y de la seguridad que sentía cuando mi padre me tomaba en sus brazos..."