"La conversación pública que ha seguido a la sentencia del Tribunal de Estrasburgo sobre la doctrina Parot ha desbordado todos los medios de comunicación y es un ejemplo flagrante del hablar poco franco. Abstrayendo de las reacciones extremas que imaginamos van desde el «que se pudran en la cárcel» al «volvamos a las armas si no se ejecuta la sentencia», el resto es un ejemplo a recordar de lenguaje cobarde o excesivamente delicado o cuidadamente sibilino a fin de no herir a, o enfrentarse con, nadie. El resultado es un amasijo de vulgaridades, contradicciones y frases hechas."