"Ante el riesgo de que mañana ocurra algo desagradable nos asustamos y ante la perspectiva de que el futuro sea realmente incierto y no probabilizable llegamos a angustiarnos. Los fantasmas de la duermevela nos precipitan en el deseo irrealizable de una transparencia absoluta que nos permita probabilizar un universo desconocido y tomar decisiones racionales y presuntamente tranquilizadoras. Este deseo de transparencia que es fácil de reconocer como algo morboso en las relaciones amorosas, no es sólo una ensoñación subjetiva; sino que hoy adquiere el prestigio de lo muy serio en la vida social en general y, muy en particular, en el ámbito empresarial y en la política económica."