"Solo la noche le calmaría el terror, porque quien le abrazara sería de los suyos. «¿ Qué sentido tendría que fuera al revés ?» grité como para acelerar el final de mi razonamiento y dejarle tiempo a ella para decir algo suave, inteligente y excitante de lo que, como un tren eléctrico entrevisto por un niño en un escaparate, yo ya no pudiera prescindir. Quería que me hablara, que me tocara, que bailara un vals sincopado y es que no tenía otra manera de pedírselo que hablar de lo mío siempre de forma que le quedara un resquicio para mostrar que aunque solo escuchaba a medias, eso le bastaba para desmontar mi argumento pero que nunca ella abriría el cajón de sus sensaciones."