"No me quiero referir exclusivamente al fenómeno religioso pues no todas las religiones tienen iglesia y no toda iglesia es religiosa. Sí quiero referirme a las parroquias, sectas o capillitas, que, como carecen de razones generalmente aceptables para creer lo que dicen creer o para obrar como obran, no pueden evitar la incertidumbre en la que se mueven sus miembros y tratan de exorcizarla mediante ceremonias de excomunión que llaman la atención por su crueldad y por su inflexible empecinamiento irreversible. Recuerdan en su actuación a aquella escena de una película de Glauber Rocha (creo recordar que su título en castellano era "Dios y el diablo en la tierra del sol") en la que Dios mostraba su superioridad evitando ayudar a un pobre hombre que, como Sísifo, arrastraba una enorme piedra que con su peso le hacía tropezar como Cristo con su cruz a cuestas camino del Gólgota."