"El destrozo de USUA me libera de mi caminata diaria para llegar a la oficina a una hora respetable. Tendré que encontrar otro recorrido para cumplir con el plan de vida de un infartado, pero de momento me libro de una manifestación especialmente dolorosa de la vuelta al pasado que la crisis nos impone. Ya no es solamente el surgimiento de nuevos sonidos de posguerra, como el afilador o el chatarrero, sino sobre todo la mendicidad vergonzante y la de verdad como la de la joven rumana asentada en ese camino diario a la oficina que, me temo, no voy a hacer en algún tiempo."