"Acaba de dimitir el único banquero central vitalicio, el del Banco de Italia, bajo la presión del propio gobierno italiano, de Bruselas y de la justicia. El caracter vitalicio de su nombramiento era el resultado de llevar al extremo la lógica justificativa de los bancos centrales responsables de la Política Monetaria. Un banquero central vitalicio, a diferencia de un gobierno sujeto a la incertidumbre del resultado de elecciones periódicas, no necesitaría, se dice, venderse a nadie."