"A mi juicio los ajustes recomendados por el FMI y seguidos por casi todo el mundo no parecen sensatos económicamente hablando. No era el momento de cortar las ayudas y los recortes exigidos para calmar a los mercados eran prematuros a pesar del peligro que esos mercados siempre tienen. Lo que ocurre es que a falta de claridad mental se impone la inercia moral y la austeridad es el perdón de nuestros pecados, la penitencia que toda confesión exige para que sea realmente efectiva en su labor de limpieza moral."