"Pues sí, como les decía ayer me fui a la playa aunque al final me arropé en el bañador tetris en lugar de embutirme en el de neopreno impermeable. Aparqué en San Martí d´Empuries y anduve hasta la esquina de la casa modernista, sin duda llena de fantasmas en plena luz del día, desde donde descendí a la playa para, finalmente, encontrar un trocito de arena donde desplegar mi toalla en primera fila de mar justo al borde del camino de la orilla que siguen los paseantes. Improvisé una almohada con mis alpargatas, mi camiseta y el gran bolso de la librería de la London Review of Books con las cosas valiosas de forma que, tumbado sobre la toalla y reclinando la cabeza en esa almohada improvisada y bien gorda fingí dormitar mientras observaba a los bañistas y paseantes."