"Hace tanto calor que no voy a la playa y me quedo tumbado en un sofá disfrutando del aire acondicionado. La lectura de los periódicos del día ya ha concluido y ya no pienso en escuchar por tercera vez consecutiva los Gurrelieder de Schoenberg. Así que no tengo más remedio que repasar la prueba de la existencia de Dios de San Anselmo, un argumento que me dejó pasmado a los quince años y que ahora me recuerda Richard David Precht en su entretenido libro « ¿Quién soy yo..."