"Antón Costas trata de utilizar la figura del reciente Nobel, Angus Deaton, para recomendar que se acabe la arrogancia intelectual que ha imperado desde al menos hace treinta años entre los economistas, quienes buscaban su impronta en la realidad económica a partir de ideas fascinantes pero no sostenidas por datos como, por ejemplo, la teoría de los mercados eficientes o la noción de expectativas racionales. Ambas construcciones intelectuales sostenían su importancia aparente en la continuidad con la teoría prevalente y en la unificación de las distintas áreas, dos empujones a la arrogancia que propició el liberalismo como ausencia de intervención y frenó los intentos intervencionistas en favor del bien común como una vieja receta sin atisbo alguno de inteligencia. Costas utiliza esta crítica al neoliberalismo intelectual para reconocer los méritos de Deaton con su énfasis en esos datos que no pueden estar ausentes de un análisis cualquiera con pretensiones de relevancia y especialmente en el caso de este economista escocés que gracias a su énfasis en datos siempre fue escéptico sobre la no intervención liberal."