"Se acabó por este año, piensa. Mañana volverán a Bilbao, pero hoy todavía queda un poco de tiempo para deambular por donde siempre y grabar la retina con, por ejemplo, la imagen de esa niña que, dispuesta a comer con su madre en una brasserie, muestra un semblante tan tranquilo y sonriente que se le antoja la imagen de la felicidad, totalmente inconsciente de sí misma y no como dentro de unos años cuando la pobre ya no pueda dejar de mirarse de reojo en todos los escaparates. Esta mañana ha vuelto a pasar de la Sainte-Chapelle ya harto de intentarlo y encontrarse siempre con una enorme cola de turistas extrañamente dispuestos a entrar dentro del Palacio de Justicia para contemplar un edificio en el que la justicia no pinta nada pues en una capilla santa ha de primar la misericordia."