"Es de noche ahí fuera. Lo sé porque ha remitido el calor tropical, porque la luz que se filtra por el respiradero ya no brilla y porque el susurro del trajín de a bordo se ha calmado y oigo con nitidez el golpeteo sincopado de los troncos que se deslizan río abajo contra el casco de este barco viejo que traquetrea río arriba. Por eso, porque es de noche, no puedo estudiar, con el cuidado que me distrae de este viaje de huida, el linóleo que cubre completamente todas las paredes de este contenedor apenas arreglado para que me sirva de habitáculo durante unos días sin que se entere el consignatario, pues Aitor se la ha jugado y nadie sabe que, además de la carga habitual, llevan hoy un prófugo, según ellos, un hombre en búsqueda de un nuevo mundo según mis largas prédicas que Aitor finge escuchar cuando cada día me visita discretamente."