"La primera vez acompañé al entonces Decano de la Facultad de Económicas y Empresariales sin saber para qué me quería allí, en una casa de ricos en donde la presencia de gente del claustro de la tradicional universidad privada de la Ciudad hubiera resultado más adecuada, tanto por los temas de las charlas, mucho más cercanos a lo que se llamaban valores, como por la vestimenta de los presentadores de esos temas que sin duda nunca habría llegado a ser de tan mal gusto como la de mi Decano. Pronto en la tarde caí en la cuenta de cual era mi papel en aquellas reuniones pretendidamente cultas. No se trataba de mi mayor elegancia, pues creo recordar que estaba usando trajes viejos de mi padre adaptados a mis medidas por un sastre de confianza y que yo aprovechaba sin atención alguna a lo que exigía la época del año."