"Al principio, allá en la juventud, fueron los curas los que tomaban asiento a mi lado cuando todavía las plazas en los aviones no estaban numeradas. Más tarde el destino me sento en filas y butacas de mujeres en sazón a las que apenas me atrevía a mirar durante horas de vuelo. Pero pasó el tiempo, me hice mayor y ya solo las mujercitas jóvenes y asustadas me paraban por la calle para informarse sobre direcciones."