"Llegamos con el tiempo para dejar las maletas y tomar un taxi que nos llevara al Teatro Real y enfrentarnos a la versión del Don Giovanni mozartiano debida a Tcherniakov. Unos días antes varias críticas ya nos ponía al tanto de sus aparentes extravagancias de puesta en escena y de la poquedad de orquesta y voces. En el taxi recordé a mi compañero de habitual butaca que abomina de toda novedad y me preparé para lo peor."