"La idea me la dio anoche una amiga hablando de los acontecimientos del mundo árabe. Vestir un burka-afirmaba ella- puede tener sus ventajas, así que ni corto ni perezoso esta misma mañana me he envuelto en uno que como capricho pintoresco adquirimos hace algunos años y que tiene un colorido "azul eva shanung" además de una rejilla tupida a la altura de los ojos que, en cualquier caso, he sombreado con el rimmel de mi mujer. No es que quiera disfrazarme de mujer como tantos hombres en carnaval, sino que se trata de un experimento sobre la densidad del deseo grupal que, ahora entiendo, es como una nube que distorsiona nuestra visión del mundo y de la vida."