"Desde hace días (y hoy extensamente en El País) los periódicos nos informan sobre el espionaje, especialmente digital, por parte de agentes especializados que venden sus resultados a personas o empresas interesadas en conocer datos no públicos por las razones que sean. Los espiados se sienten violados y esgrimen la invasión de su privacidad como denuncia de una situación intolerable. A mí me parece que lo más grave no es la violación de la intimidad sino la imposibilidad de desaparecer cuando desaparecer es, hoy en día, la única forma posible de evitar ser etiquetado o encasillado, es decir mutilado en lo más hondo."