"En un seminario reciente sobre Economía y Leguaje discutimos con cierto calor las ventajas e inconvenientes de la precisión en el lenguaje. Mi punto de vista de entonces era que un exceso de precisión puede llevar a imposibilitar ciertos arreglos sociales y que la vaguedad podía ser buena para la estabilidad de estos arreglos, una vez puestos en práctica. No he cambiado de opinión; pero dos hechos con los que me topo repetidamente me han hecho recapacitar."