"MPH disparó su máquina digital en el mismo momento en que yo cruzaba su campo visual. Salíamos de comer - y beber- en Achard, un restaurante que no es ni de nouvelle cuisine- algo nada francés- ni una brasserie con sus ostras de Bellon, ni un bistrot remedo de película de Hollywood; sino una casa de comidas donde uno adquiere un buen color a base de manitas de cerdo y abundante borgoña. Supongo que se me nota en el color de la cara y en la sonrisa beatífica."