"Nuestra folie propia es imparable en París aunque es dudosamente práctica. El gusto por las novedades artísticas nos condiciona el día y a veces no comemos o no cenamos bien porque se nos ha pasado la hora al mediodía o bien porque ya no nos quedan fuerzas para volver a salir después de un pequeño descanso al atardecer. Después de nuestras visitas al Louvre y al Museo de Artes Decorativas de las que daba cuenta en el último post hicimos una especie de cena temprana que me permitió descansar como si hubiera subido al monte para estar dispuesto para el siguiente día, un día que necesariamente debía pasar por la Fundación Luis Vuitton alojada en el último edificio de Frank Gehry, ese arquitecto al que ayer asociábamos al art nouvau, algo poco sexy y adecuado solo para abuelitas amables."