"Bajo el título La destrucción o el amor Vicente Verdú nos contaba el otro día en El País cómo puede ser horroroso librarte de un hijo ya mayor apalancado en casa. Si abandona finalmente el hogar, éste se convierte en el infierno de dos viejos contemplándose horrorizados por esa dejadez que les hace permanecer juntos y que no es sino signo de la impotencia. Con independencia de que esta reflexión nos debiera hacer pensar sobre otras cosas, lo que me interesa ahora es verla como una redistribución de rentas."