"Hace bastantes años me atreví a decir que la finalidad en sí de la innovación era prepararnos para ser adoptados por el cambio y que como tal la innovación nos ayudaba a internalizar la noción de cambio. Solo cambiando aprendemos a hacerlo sin sentir el malestar que asociamos a cambiar de ciudad o de oficio o de hábitos. Y este malestar es un verdadero "malestar de la cultura" porque, aunque nos cueste reconocerlo, hoy vivimos inmersos en la cultura del cambio ."