"Creo que la última vez que tomé un autobús interurbano fue hace unos cuarenta y pico años cuando viajaba de Pamplona a Bilbao en los permisos de los cuatro meses de prácticas de la mili universitaria. El pasado viernes era pues como una aventura el viaje de ida y vuelta a Vitoria desde Madrid. Comenzando por el aspecto psicodélico de la estación de la Avenida de América en Madrid, toda subterránea y con un ascensor, completamente lleno por una familia numerosa que se muda a Bilbao con todas sus pertenencias y que te baja directamente al -3 y a partir de ahí te las arreglas como puedes para acceder a las plantas -2 o -1, todo el resto del viaje fue una fiesta de sorpresas y un reducto de paz en el que leer periódicos, novelas o ensayos con los que había cargado mi cartera para no tener que limitar mi elección a unos pocos apuntes."