"A mi mendigo cotidiano. En estos días de verano adelantado mi mendigo impecable se ha instalado permanentemente en la margen izquierda del gran río sin agua, entre los aprendices de arquitecto y no lejos de un pequeño manatial. Su contemplación diaria me ha traído a la mente esta estrofa de Rilke ( ¿en el libro de las horas?) Du aber bist der tiefste Mittellose, der Bettler mit verborgenem Gesicht; du bist der Armut große Rose, die ewige Metamorphose des Goldes in das Sonnenlicht Sí, tu eres ese mendigo que no osa decir su nombre, el más profundo de los pobres de solemnidad pues solo posees el contenido de un escueto saquito de elementos de costura que atesoras con avaricia propia de leproso."