"Ya he escrito, aquí y como de refilón, sobre esta serie que parece sostener, junto con otras que están en la mente de todos, la creatividad de hoy en día y que cosechan un gran éxito entre críticos y degustadores en una coincidencia poco frecuente. Me referí a ella para compararla con una película de los finales de los cincuenta (Niágara) y con la pintura de Hopper porque pensaba que estas tres obras, de maneras no tan diferentes, nos hacían sentir la resaca de la enorme violencia con la que se salió de la depresión y la soledad del ser humano en un mundo incontrolable. Mad Men, decía allí, "construye sobre estos rescoldos y nos confronta, más allá de la manera de narrar aunque apoyándose en ella, con el aislamiento de los hombres y mujeres que han sufrido y todavía arrastran las heridas, no del todo cicatrizadas, de un mundo que se desmoronó y que solo supo curarse por medio de la violencia"."